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martes, 1 de noviembre de 2016

Diario de lecturas de octubre

El mes de octubre no ha sido muy pródigo en lecturas, he de reconocerlo, no ha habido tiempo para ello. El placer de leer fue relegado al ratito en la cama antes de caer rendida en los brazos de Morfeo, cosa que ocurría muchas noches antes de llegar a pasar la página. Pese a todo, como ya conté por aquí, el mes ha sido productivo en muchas otras facetas de la vida, así que no me puedo quejar demasiado, más que nada porque prometí no volver a quejarme en este blog.

Tengo un sombrero parecido

Volviendo al diario de lecturas, el mes ha sido variado. Por una parte, una novela cargada de humor: Óscar y las mujeres. Por otra, un libro paladeado a pequeños sorbos, poco a poco: París no se acaba nunca. Y, para terminar, una novela devorada en dos sentadas: Falcó.


Imagen de Casa del Libro


Óscar y las mujeres, de Santiago Roncagliolo, ha sido mi primera aproximación a la obra de este autor. Reconozco que no sé nada de él, de manera que no puedo decir si ese tono caústico que emplea para meterse con la industria de los culebrones es algo normal en él o no. En cuanto baje un poco el nivel de mi lista de pendientes, buscaré otro título suyo para comprobarlo porque me ha encantado. Admito que he adorado a su protagonista desde la página uno. Mi personaje de televisión preferido en estos momentos, Sheldon Cooper, de The Big Bang Theory, y este Óscar tienen muchos puntos en común, por mucho que en otros tantos no se parezcan en nada. Pero quizá lo que más me ha enganchado de él es que yo misma me he visto reconocida en ciertas manías y desvaríos. Ya sabéis, la locura compartida parece menos locura.

Óscar es guionista de culebrones en Miami. Es maniático, más que narcisista, y tiene un pequeño problema de musas: para escribir bien y ser productivo necesita estar enamorado y feliz en pareja. Cuando su novia se harta ya de sus manías y su egocentrismo y, además, descubre una infidelidad, y le abandona, a Óscar se le cae el mundo encima. Tampoco es que estuviera muy enamorado, pero sus manías, sus rutinas, se van al garete y eso es algo que no puede soportar. Encima, está rodeado de personajes muy extremos, muy de culebrón todos bien mirado, y el desequilibrio de todos éstos no es que le ayude precisamente.

En resumen: es una novela muy divertida, muy bien escrita, con unos personajes tan vivos que te parece estar viéndolos y con un protagonista peculiar.

Imagen de Casa del Libro

París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas, ha supuesto otro descubrimiento. Éste es otro autor del que no había leído nada y al que también tendré que acercarme con calma. Se trata de una revisión, desde la ironía que proporcionan las décadas transcurridas, de los dos años que pasó el escritor viviendo en una cochambrosa buhardilla en París. Buhardilla propiedad nada menos que de Marguerite Duras, ahí es nada. A través de una reciente visita a la ciudad, con la sabiduría que dan los años de trabajo duro para convertirse en el escritor que es, Vila-Matas se ríe de sí mismo cuando era joven. Sus imposturas, su disfraz de escritor maldito y desesperado, su búsqueda de mitos a los que emular, pero, sobre todo, por coincidir quizás con mi momento como escritora que se enfrenta a su primera novela, me he sentido muy identificada con el patetismo que destila. Me explico: su búsqueda de referentes es la mía, su búsqueda del disfraz externo de escritor es la mía (él con su pipa y yo con mi sombrero de escribir, por ejemplo), su forma de necesitar encajar y de no conseguirlo son también las mías. Me gustaría una nueva entrega de su vida para saber cómo se las arregló para convertirse en escritor de verdad y no impostado a su vuelta a Barcelona.

Algo de esta obra que la hace por sí solo imprescindible para noveles es el contenido de la cuartilla que le entrega Marguerite Duras cuando Vila-Matas le pregunta a su casera cómo se hace eso de escribir una novela. La escritora garabatea rápido trece puntos a tener en cuenta. Me permito transcribirlos porque nos pueden ayudar a muchos:

1. Problemas de estructura 
2. Unidad y armonía
3. Trama e historia 
4. El factor tiempo 
5. Efectos textuales 
6. Verosimilitud
7. Técnica narrativa 
8. Personajes
9. Diálogo
10. Escenarios 
11. Estilo
12. Experiencia 
13. Registro lingüístico

Casi nada, ¿verdad?

Imagen de Casa del Libro


Falcó, de Arturo Pérez-Reverte, ha sido la última novela terminada en octubre. La he leído tan rápido, que necesito releerla para sacarle jugo a las bambalinas, a las entretelas, para aprender de ella todo lo que me pueda servir como escritora de policíaca. Su protagonista, Lorenzo Falcó, pese a tener la lógica mentalidad de los años 30 en España, pese a ser un canalla y usar a las mujeres como divertimento, me ha caído bien. ¡Eh!, no me queméis en la hoguera, dejad que me explique. Falcó puede ser misógino, pero es capaz de reconocer la valía de la mujer, de apreciarla por ella misma, de admirarla y de jugarse el tipo por lealtad hacia una. Y nótese que he dicho lealtad, no hormonas. De hecho, el papel de las mujeres en esta novela es crucial.

Protagonista a parte, Pérez-Reverte ha sabido bordar los escenarios, el ambiente de aquel periodo tan horrendo de nuestra historia reciente en el que una España trataba de aniquilar a la otra y, por el camino, se dedicaba a la vendetta personal con la excusa de la ideología. Encima, imbéciles como somos, se nos llenaba la boca de orgullo patrio, a unos y a otros, cuando no éramos más que estúpidas marionetas en manos de potencias internacionales... ¿Os suena, verdad?

Creo que un gran acierto de la novela, a parte de todo lo dicho y de que el ritmo no te deja soltarla, es que no se casa con nadie. Sólo desde la más absoluta neutralidad, es decir, poniendo a parir a los dos bandos, se puede conseguir ambientar de forma tan magistral ese corto periodo de la vida de tan geniales personajes.

En una entrevista en Página Dos, el programa de libros de RTVE conducido por Óscar López, don Arturo aseguró que tendremos al menos otra novela de Falcó en los próximos años. No me extraña, a mí me pareció en todo momento tener al escritor hablando por boca de su protagonista. Se nota en sus páginas que se divirtió muchísimo escribiendo esta novela. Ya sé que no es bueno que se note al escritor, aunque quizás el problema es que yo sigo demasiado al escritor y le busco en sus personajes, y no al revés.

Sólo tengo un pequeño "pero" con la novela y es que "pillé" parte de uno de los giros importantes en cuanto apareció uno de los personajes. Aunque, bien pensado, pudiera ser la intención del escritor, porque me pilló desprevenida dándole aún mayor juego a ese giro.


Como veis, las lecturas de octubre han sido pocas pero diversas y todas con una gran calidad. De todas ellas he aprendido cosas y todas ellas me han hecho ver también cuánto me queda por aprender.


5 comentarios:

  1. Me han encantado tus comentarios. Apunto las tres novelas. Me atrae la de Santiago Roncagliolo, un escritor que me gusta.
    Gracias.

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    Respuestas
    1. ¡Hola! Gracias por tu comentario, me hace muy feliz que te haya gustado la entrada.
      Ya que conoces a Roncagliolo mucho mejor que yo, ¿podrías recomendarme otro suyo?
      Un saludo

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  2. Pues no se te ha dado nada mal, la verdad. Biquiños!

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  3. Pues el de "Óscar y las mujeres" es un libro que por la portada seguramente hubiese pasado de largo, pero que tras leerte va derecho a la wishlist. Todos tenemos un poco de Sheldon Cooper aunque no lo reconozcamos, por cierto... jajaja. A Pérez-Reverte hace que no lo leo la tira de años, y seguramente cuando intente recuperar tiempo con él lo haga con este libro.

    ¡Besote!

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    Respuestas
    1. Pues si hace la tira que no le lees, a no ser que quieras una lectura más rápida, te aconsejo que te hagas con "Hombres buenos", la anterior novela. Es una maravilla, de principio a fin, y más para los amantes de la cultura en general. Seguro que te gustaría. Tengo mi comentario sobre su lectura en otra entrada.
      Gracias por pasarte y comentar.
      Un beso

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